Tejer Redes: El Arte de Transformar el Conocimiento en Bien Común en Antigua Guatemala

​La ciudad de Antigua Guatemala no es solo un monumento al pasado; es un ecosistema vivo donde convergen la tradición, el turismo y, cada vez más, la innovación social. Sin embargo, surge una pregunta que a menudo queda suspendida en el aire de nuestras calles empedradas: ¿De qué sirve el conocimiento técnico o académico si no logra permear en la vida cotidiana de las personas? Esta es la premisa que Gutiérrez Tamayo e Hincapié Ballesteros (2014) exploran con maestría en su obra Tejer redes para la apropiación social de conocimiento. Para nosotros, como Grupo Gestor, esta visión no es solo una teoría, sino una hoja de ruta para fortalecer nuestro tejido social.

Más allá de la transferencia: La apropiación como acto humano

A menudo confundimos «difundir» con «apropiar». Pensamos que publicar un informe o dar una charla es suficiente para que una comunidad cambie. Pero la realidad es más terca. Como bien señalan los autores, la apropiación social del conocimiento (ASC) no es un proceso lineal donde alguien que «sabe» le enseña a alguien que «no sabe». En realidad, es un proceso de construcción colectiva.

Imaginen por un momento la gestión del agua en nuestras aldeas circundantes. Un ingeniero puede traer el plano más avanzado del mundo, pero si ese conocimiento no se «teje» con los saberes locales de los agricultores y los líderes comunitarios, el proyecto está destinado al olvido. La apropiación ocurre cuando el ciudadano común siente que ese dato, esa tecnología o esa estrategia le pertenece y le es útil para resolver un problema real. Según Gutiérrez Tamayo e Hincapié Ballesteros (2014), este proceso requiere mediaciones, lenguajes comunes y, sobre todo, una voluntad de diálogo horizontal.

La metáfora del tejido: Redes que sostienen

¿Por qué hablar de «tejer redes»? La metáfora no es gratuita. Un tejido se compone de hilos individuales que, por sí solos, son frágiles, pero entrelazados adquieren una resistencia sorprendente. En Antigua Guatemala, nuestras «redes» son las asociaciones de vecinos, las cámaras de comercio, los colectivos de artistas y las instituciones públicas.

El problema es que, en ocasiones, estos hilos están sueltos. El sector académico investiga por un lado, el sector empresarial produce por otro, y el ciudadano intenta sobrevivir en medio. Gutiérrez Tamayo e Hincapié Ballesteros (2014) insisten en que las redes de conocimiento deben ser dinámicas. No se trata de crear estructuras burocráticas pesadas, sino de generar espacios de confianza donde la información fluya sin barreras. Para el Grupo Gestor, esto significa ser ese «telar» donde se encuentran la oferta técnica y la demanda social.

La democratización del saber en el contexto local

Uno de los puntos más provocadores de la obra es la crítica a la jerarquía del conocimiento. A veces, el lenguaje académico se convierte en una muralla. ¿De qué nos sirve hablar de «resiliencia urbana» o «sostenibilidad multidimensional» si el dueño de una pequeña tienda en la Calle del Arco no puede aplicar esos conceptos para mejorar su negocio?

La apropiación social implica traducir. No se trata de simplificar hasta perder el rigor, sino de hacer el conocimiento «habitable». De hecho, «la apropiación social del conocimiento debe entenderse como un proceso de democratización que permite a los sujetos sociales participar en la toma de decisiones que afectan su territorio» (Gutiérrez Tamayo & Hincapié Ballesteros, 2014, p. 45). En este sentido, un ciudadano informado es un ciudadano con poder. Si entendemos cómo funciona el Plan de Ordenamiento Territorial, podemos defender mejor nuestro patrimonio. Si comprendemos las métricas del turismo, podemos exigir políticas más justas.

Desafíos para Antigua: Del «yo» al «nosotros»

No vamos a mentir: tejer redes es difícil. Requiere tiempo, algo que en la era de la inmediatez parece escasear. También requiere humildad. Los expertos deben estar dispuestos a escuchar los saberes ancestrales y populares, y los líderes comunitarios deben estar abiertos a nuevas metodologías.

En nuestra amada Antigua, enfrentamos el reto de la gentrificación y la pérdida de identidad. Aquí es donde la propuesta de los autores se vuelve urgente. Si logramos que el conocimiento sobre conservación patrimonial y desarrollo económico no se quede solo en las oficinas gubernamentales, sino que sea «apropiado» por el panadero, el guía de turistas y la artesana, habremos creado una red de protección mucho más efectiva que cualquier decreto legal.

Hacia una cultura de la colaboración

La obra de Gutiérrez Tamayo e Hincapié Ballesteros (2014) nos invita a pasar de la competencia a la colaboración. En un mundo que nos empuja al individualismo, la red es un acto de resistencia. Al compartir lo que sabemos, no perdemos valor; por el contrario, el valor del conocimiento aumenta cuando se multiplica.

Francamente, es emocionante pensar en lo que podríamos lograr si cada proyecto del Grupo Gestor fuera visto como un nudo en esta gran red de conocimiento. No estamos simplemente gestionando proyectos; estamos cultivando una cultura donde el saber es un recurso compartido, tan vital como el aire que baja del Volcán de Agua.

Conclusión: El hilo que nos une

En última instancia, apropiarse del conocimiento es un acto de amor por el territorio. Es decidir que no queremos ser meros espectadores del progreso, sino arquitectos del mismo. Como bien proponen los autores, tejer redes no es un destino, es un proceso continuo. Mañana, cuando camines por la Plaza Mayor, recuerda que cada interacción es una oportunidad para intercambiar un saber, para fortalecer un vínculo, para añadir un hilo más a este tejido que llamamos Antigua Guatemala.


Referencias

Sanz, M. E. (2019). Redes sociales y capital cognitivo en ciudades patrimoniales. Ediciones del Pensamiento.

Gutiérrez Tamayo, A. L., & Hincapié Ballesteros, S. M. (2014). Tejer redes para la apropiación social de conocimiento. Editorial Universidad de Antioquia.

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2021). El papel del conocimiento local en la gestión del patrimonio mundial. UNESCO Publishing.

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