Los impactos del turismo en el patrimonio cultural: Un análisis de sostenibilidad y gestión

El turismo es, sin lugar a dudas, una de las industrias más dinámicas y de mayor crecimiento a nivel global. Para destinos como Antigua Guatemala, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, esta actividad no es solo un motor económico, sino también un elemento crucial en la revalorización de su identidad. Sin embargo, la relación entre turismo y patrimonio cultural es compleja, un delicado equilibrio entre la conservación y el aprovechamiento. Este artículo busca analizar los impactos del turismo, tanto positivos como negativos, y proponer un marco de gestión que asegure la sostenibilidad del patrimonio cultural para las futuras generaciones.

La doble cara del turismo: Beneficios y desafíos

El turismo, en su versión más ideal, es una herramienta poderosa para la conservación. La afluencia de visitantes a sitios históricos y culturales genera ingresos que pueden ser reinvertidos directamente en la restauración y el mantenimiento de monumentos, museos y tradiciones. Esta vitalidad económica se traduce en la creación de empleo local, impulsando la economía y mejorando la calidad de vida de las comunidades anfitrionas. Como señala el ICOMOS (1999) en su Carta Internacional sobre Turismo Cultural, la gestión del turismo en sitios con patrimonio significativo debe «generar recursos para el mantenimiento, protección y mejora de los sitios de patrimonio». Este beneficio financiero no solo es tangible, sino que también promueve un sentido de orgullo y pertenencia, alentando a los residentes a valorar y proteger su propio legado. El turismo cultural, al exponer la riqueza de la identidad local, fomenta un aprecio que va más allá de lo meramente económico.

Sin embargo, la misma actividad que puede preservar, también tiene el potencial de erosionar. Los impactos negativos del turismo son multifacéticos y se manifiestan en diferentes esferas:

  • Impacto físico: El simple flujo de grandes cantidades de personas puede causar un desgaste considerable en la infraestructura y los sitios. La erosión de pavimentos antiguos, el daño a muros por el contacto constante, y el aumento de la contaminación por vehículos son consecuencias directas de la masificación.
  • Impacto social y cultural: La «turistificación» de un destino puede alterar la autenticidad de la cultura local. La mercantilización de las tradiciones, la producción en serie de artesanías para satisfacer la demanda de souvenirs (a menudo perdiendo las técnicas y materiales originales), y la pérdida de rituales auténticos que se convierten en simples espectáculos para el visitante, son algunos de los riesgos. Además, la presión del turismo puede llevar a la aculturación de la población local, que adopta normas y patrones culturales ajenos para «encajar» con las expectativas de los visitantes (Broca Castillo, s.f.).
  • Impacto económico: Si bien el turismo genera ingresos, estos beneficios no siempre se distribuyen de manera equitativa. A menudo, la riqueza se concentra en grandes operadores turísticos o en capitales extranjeros, mientras que las pequeñas empresas locales y los artesanos reciben una fracción mínima de las ganancias. Esto puede generar una dependencia económica excesiva del turismo y una vulnerabilidad ante fluctuaciones del mercado global.
  • Impacto en la habitabilidad: El aumento de precios en vivienda, alimentos y servicios básicos en las zonas céntricas, debido a la demanda turística, puede desplazar a la población local, cambiando la composición social de los barrios históricos y perdiendo la esencia comunitaria que hace único el lugar.

Estrategias para una gestión sostenible del patrimonio cultural

Para mitigar los efectos perjudiciales y maximizar los beneficios, es imperativa una gestión planificada y sostenible del turismo cultural. La clave está en no ver al patrimonio como un simple producto de consumo, sino como un bien invaluable que requiere protección activa.

  • Planificación estratégica y límites de visitantes: La gestión de la afluencia es fundamental. En lugares altamente sensibles, se deben implementar medidas como la limitación del número de visitantes diarios, la creación de sistemas de reserva o la diversificación de rutas turísticas para descongestionar las áreas más vulnerables. La Carta de ICOMOS sugiere la «planificación de la actividad y la evaluación de los proyectos» como un pilar para la sostenibilidad (ICOMOS, 1999).
  • Educación y sensibilización: La educación es una herramienta de doble vía. Por un lado, se debe educar al turista sobre la importancia de la conservación y el respeto por las costumbres locales. Esto implica fomentar comportamientos responsables, como no tocar las estructuras históricas, respetar los espacios sagrados y comprar productos de artesanos locales. Por otro lado, es crucial involucrar a la comunidad anfitriona en el proceso de gestión turística, haciéndolos partícipes de la planificación y la toma de decisiones. Un estudio de caso en Puerto López, Ecuador, demostró que cuando las comunidades locales se sienten empoderadas, la percepción del turismo es globalmente positiva (Goliath-Ludic y Yekela, 2021).
  • Diversificación y promoción del patrimonio inmaterial: El turismo cultural no debe centrarse únicamente en los monumentos tangibles. Promover el patrimonio inmaterial —gastronomía, música, danzas, festividades y oficios tradicionales— puede descentralizar la presión de los sitios más visitados y ofrecer una experiencia más auténtica al visitante. Esta diversificación no solo protege el patrimonio tangible, sino que también revitaliza y preserva las tradiciones vivas de la comunidad.
  • Distribución equitativa de los beneficios: Para que el turismo sea verdaderamente sostenible, sus beneficios deben llegar a todos los actores. Es esencial implementar políticas que fomenten la economía local, como el apoyo a pequeños emprendedores, la creación de cooperativas de artesanos y el desarrollo de circuitos turísticos que incluyan a las comunidades rurales aledañas. Esto asegura que la riqueza generada se reinvierta en la propia comunidad, mejorando su bienestar general (Sotelo Pérez, 2012).

Conclusión: Hacia un turismo responsable y consciente

El futuro del patrimonio cultural en un mundo globalizado depende en gran medida de cómo gestionemos el turismo. No se trata de rechazar a los visitantes, sino de acogerlos de manera responsable y consciente. La relación entre ambos debe basarse en el respeto mutuo y en una visión a largo plazo, donde la conservación del legado cultural sea la prioridad. La gestión del turismo debe ser un acto de mediación entre el patrimonio y la sociedad, donde se busca el equilibrio entre el disfrute del visitante y la integridad de la comunidad y su historia.

En Antigua Guatemala, este desafío es particularmente relevante. Su riqueza histórica y arquitectónica la convierte en un imán para el turismo, pero también la expone a los riesgos de la masificación. Adoptar un enfoque de turismo sostenible, que involucre a todos los sectores de la sociedad —desde el gobierno hasta los guías turísticos y los residentes—, es la única vía para garantizar que su autenticidad y su encanto perduren. De esta forma, el turismo se convierte no solo en una fuente de ingresos, sino en una herramienta poderosa para la preservación, la educación y el empoderamiento de las comunidades que son las guardianas de su propio legado.


Referencias

Broca Castillo, A. (s.f.). El impacto del turismo en el patrimonio cultural. Cuadernos de Turismo Cultural. Secretaría de Turismo de México. Recuperado de https://www.cultura.gob.mx/turismocultural/cuadernos/pdf14/articulo7.pdf

Goliath-Ludic, K., & Yekela, S. (2021). Prisma comunitario de los impactos del turismo. Caso de estudio Puerto López, Ecuador. Empiria: Revista de metodología de ciencias sociales, (57), 35-58. https://doi.org/10.5944/empiria.57.2023.36430

ICOMOS. (1999). Carta Internacional sobre Turismo Cultural. La Gestión del Turismo en los Sitios con Patrimonio Significativo. ICOMOS México.

Sotelo Pérez, M. (2012). Turismo y ciudades patrimoniales: estudio de caso, Santiago de Compostela. M+A: Revista Electrónica de Geografía, Turismo y Medio Ambiente, 13(28), 1-22.

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