El Pacto de los Valles: Crónica de un Destino Común para Panchoy y Almolonga

El pasado viernes, el aire en la reunión del Grupo Gestor de Antigua Guatemala se sentía distinto. No era solo la habitual preocupación ciudadana por los baches o el ruido nocturno; había algo más profundo sobre la mesa: el peso de décadas de planificación técnica que finalmente busca su cauce. En el marco de la Semana de Participación Ciudadana de la RNGG, nos reunimos vecinos, técnicos y ciudadanos para desempolvar el mapa del futuro y confrontar una realidad que ya no admite más parches: o nos gobernamos como un solo valle, o colapsamos como municipios aislados.

¿Por qué ahora? Porque por primera vez en mucho tiempo, la visión técnica del Plan Maestro coincide con un actor clave: los propietarios de las fincas históricas. Este alineamiento no es menor; es la pieza que faltaba para pasar de la utopía de papel a la economía real.

La Deuda Técnica: No estamos inventando el hilo negro

Una de las revelaciones más potentes de nuestra reunión fue constatar que el Valle de Panchoy no sufre de falta de ideas, sino de falta de coordinación política. A lo largo de los años, se han invertido miles de horas-hombre en desarrollar planes que buscan unificar criterios entre Antigua Guatemala, Jocotenango, Pastores, Ciudad Vieja y Santa María de Jesús.

Como bien sostiene Alburquerque (2004), el Desarrollo Económico Local (DEL) no es un evento espontáneo, sino un proceso de construcción social que requiere «actores locales con capacidad de concertación». En nuestro caso, los planes maestros previos ya dibujaban un valle donde el uso del suelo no dependiera del capricho de una licencia municipal fronteriza, sino de una lógica de cuenca. Lo que aprendimos el viernes es que el rigor académico ya está ahí; lo que necesitamos es la voluntad de aplicarlo «más allá de la garita».

Neourbanismo: ¿Modernidad o retorno a nuestras raíces?

Durante el encuentro, discutimos los principios del Neourbanismo (o Nuevo Urbanismo). A veces, el término suena a una moda importada, pero, curiosamente, si hay un lugar en el mundo que nació bajo principios que hoy el neourbanismo reclama, es La Antigua Guatemala.

El Neourbanismo aboga por la «caminabilidad», el uso mixto del suelo (vivir, trabajar y recrearse en el mismo espacio) y la importancia del espacio público como articulador social (Duany & Plater-Zyberk, 2013). Irónicamente, el modelo de desarrollo que hemos seguido en las últimas tres décadas —centros comerciales aislados y urbanizaciones cerradas en las periferias— es exactamente lo opuesto a nuestra herencia colonial.

El beneficio de retomar estos principios en el plan maestro del valle es claro: reducir la dependencia del automóvil. Si logramos que los nuevos desarrollos en los bordes del valle sigan la lógica neourbanista, estaríamos creando «nodos de vida» que no necesitan saturar el casco urbano de Antigua para cada gestión diaria. Francamente, es la única forma de que la movilidad deje de ser una tortura diaria para convertirse en un flujo humano.

El factor de «Buena Fe»: El papel de las fincas y el suelo

Es imposible hablar de unificar el valle sin hablar de la tierra. Aquí es donde la reunión tomó un tinte de esperanza real. Conocimos cómo los propietarios de grandes extensiones de tierra y fincas en el Valle de Panchoy y Almolonga han mostrado una disposición de buena fe para buscar un destino común.

Esto es revolucionario. En muchos contextos, el propietario de la tierra busca la mayor rentabilidad al menor costo, a menudo a costa del entorno. Sin embargo, en nuestro valle, hay una comprensión creciente de que el valor de la propiedad está intrínsecamente ligado a la preservación del paisaje y la viabilidad del ecosistema urbano. Según Porter (1998), la competitividad de un territorio depende de su «clúster»; si el clúster de Antigua (turismo, cultura, servicios) se degrada por el desorden, la tierra pierde su valor a largo plazo. Esta alianza entre el Grupo Gestor y los propietarios es el motor que puede generar un desarrollo económico desde lo local, creando empleos dignos cerca de donde vive la gente, evitando la migración y la desintegración social.

El Valle de Almolonga y la realidad del colapso

No podemos hablar de Panchoy sin mirar hacia Almolonga (Ciudad Vieja y alrededores). La interdependencia es absoluta. En la reunión establecimos un diagnóstico crudo: la movilidad está en estado de coma inducido, el estrés hídrico es una amenaza latente y la gestión de residuos es una bomba de tiempo.

Muchos vecinos viven en una suerte de «miopía municipal», creyendo que si su alcalde pavimenta su calle, el problema está resuelto. Pero ¿de qué sirve una calle pavimentada si desemboca en un nudo de tráfico regional que nadie coordina? Como señala Sassen (2014), en las regiones metropolitanas emergentes, los problemas «expulsan» a las soluciones locales si no hay una visión de conjunto. Por ello, la campaña de sensibilización que hemos acordado no es un ejercicio de relaciones públicas; es un llamado a la lucidez ciudadana. Necesitamos que el habitante de San Felipe de Jesús se sienta tan responsable del Valle de Almolonga como el que vive frente al Parque Central de Antigua.

Gobernanza: El fin de las «Metas Exclusivas»

El punto de quiebre en nuestra discusión fue la gobernanza. Se acabó el tiempo de los municipios que solo miran su propio ombligo presupuestario. La propuesta que surge de este consenso ciudadano es clara: establecer una gobernanza metropolitana del valle.

Esto no significa crear más burocracia, sino establecer metas de beneficio colectivo. Un ejemplo claro: un sistema de manejo de aguas residuales no puede ser municipal; debe ser de cuenca. Un plan de movilidad debe ser de valle. La gobernanza, según la CEPAL (2016), requiere que los gobiernos locales cedan parcelas de soberanía administrativa en favor de una eficiencia regional. El Grupo Gestor, como ente apolítico y técnico, debe ser el vigilante de que estas metas comunes se cumplan, independientemente de quién ocupe la silla municipal cada cuatro años.

Conclusión: De la reunión a la acción

Sinceramente, salir de una reunión con tantos datos y tanta historia puede ser abrumador. Pero hay una certeza: el Plan Maestro ya no es un documento guardado en una caja; es ahora una hoja de ruta compartida por ciudadanos que han decidido dejar de ser espectadores del deterioro.

La sensibilización es nuestro próximo gran paso. No podemos pedirle a la gente que defienda lo que no conoce. Debemos mostrarles que el neourbanismo no es un lujo, sino una herramienta para recuperar su tiempo y su tranquilidad. El desarrollo económico local nacerá de nuestra capacidad de vernos como una sola unidad económica y ambiental.

El Valle de Panchoy y el Valle de Almolonga tienen una oportunidad histórica. Tenemos la técnica, tenemos el apoyo de los propietarios de tierras y, sobre todo, tenemos una ciudadanía que ha empezado a despertar. Ahora nos toca a todos asegurarnos de que esta meta común se convierta en la ley que rija nuestro destino.


Referencias

  • Alburquerque, F. (2004). El enfoque del desarrollo económico local. Organización Internacional del Trabajo (OIT).
  • Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2016). Gobernanza metropolitana y planificación territorial. Naciones Unidas.
  • Duany, A., & Plater-Zyberk, E. (2013). The New Urbanism: Toward an Architecture of Community. McGraw-Hill.
  • Porter, M. E. (1998). Clusters and the New Economics of Competition. Harvard Business Review.
  • Sassen, S. (2014). Expulsions: Brutality and Complexity in the Global Economy. Harvard University Press.

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